Continúan creciendo los síntomas de una sociedad enferma
Por Jesús Ramón Gómez, Psicólogo

Violencia social, filicidios, suicidio e incremento de la drogadicción continúan incrementandose en Colombia y el mundo, como expresión clara de una sociedad enferma.
Sin embargo la respuesta dada por los diversos estados nos muestra un increible diálogo de sordos: Los más pudienters incrementan su carrera armamentista, violan las mínimas condiciones de respeto a la naturaleza y generan una carrera de consumismo que les lleva a un círculo vicioso de crisis.
Otros paises buscan salidas tan equivocadas como la leghalización de las llamadas dosis personales, sin tener en cuenta que esto incrementará la venta al menudeo de los narcotraficantes, masificando y facilitando su venta, a la vez que generará la falsa idea de que la drogadicción es un asunto meramente personal.
Para el conjunto de naciones parece abrirse paso la idea de que dar más liberalidad, relativizar los valores y atacar la dignidad humana, por ejemplo con la promoción abierta del aborto, es una salida útil a los diversos problemas poblacionales.
Sin embargo, la gran mayoría de Estados parecen coincidir en el olvido de la naturaleza psicológica, espiritual y material del ser humano, no tienen en cuenta una visión integral del ser humano miembro de una familia y una sociedad, y sobre todo violan el reconocimiento a los Valores Humanos, a la mínima ética y a la moral, poniéndolas en el plano de lo anacrónico.
Una gran parte de la población en el mundo reconoce todo lo que se ha planteado aquí, pero en la gran mayoría hay una actitud absolutamente permisiva, de dejar hacer dejar pasar, y la ausencia de liderazgo brilla, mientras vemos como se conduce al mundo al despeñadero en una sociedad cada vez más decadente.
No se trata de negar el esfuerzo de un buén número de líderes, de organizaciones y de instituciones, PERO DEBEMOS ENTENDER QUE ES INSUFICIENTE AUN, y que la gran mayoría de personas honestas del mundo tiene que comprender que la única manera de corregir el rumbo de este mundo, es que aprendamos a conducirnos disciplinadamente, si no en la participación activa, por lo menos en el apoyo a aquellas personas y organizaciones que se mueven con base en unos principios universales.